Emprender en Protocolo, una fusión enriquecedora

Emprender en Protocolo es buscar la excelencia, es confiar en nuestras habilidades y competencias, es plasmar las expectativas de nuestros clientes, es cuidar los detalles expresando nuestro propio estilo, es transmitir confianza y profesionalidad.

Los profesionales del mundo del protocolo se caracterizan por ser personas proactivas, dispuestas a superar obstáculos día a día, apasionadas, activas, y creativas. Organizar un evento no es una tarea fácil, hay que poseer una capacidad extra para anticipar posibles escenarios. Soñar con una idea y poder materializarla genera una gran dosis de endorfinas; vivir con cierta incertidumbre de si todo ira tal y como esperamos es lo que nos impulsa a reinventarnos cada día. Sin embargo, los profesionales de protocolo y organización de eventos estamos fraguados de otra pasta, la pasión que impregnamos en cada acto que llevamos a cabo es superior a los retos que se nos presentan.

Pues lo mismo sucede con aquel que decide iniciar un proyecto propio, el emprendedor es un creador nato, vive con pasión su sueño, asume riesgos y dificultades que le hacen progresar personal y profesionalmente, se guía por su instinto y le determina el afán de superación.

¿Qué puede suceder si fusionamos al profesional de protocolo con el emprendedor? Una bomba de relojería, una aventura fascinante en la que embarcarse aprovechando todas nuestras habilidades para generar un valor diferencial en la sociedad.

Hoy más que nunca ser emprendedor es una opción de vida, cualquier etapa es buena para emprender, siempre y cuando tengamos claro nuestros objetivos y los resultados que deseamos obtener. Se trata de tener un plan estratégico, es decir, un programa de actuación mediante el cual dejemos claro que es lo que pretendemos conseguir y como nos proponemos llevarlo a cabo.

A mi particularmente me gusta la estrategia que utilizaba Walt Disney para desarrollar sus exitosos proyectos. Un proceso creativo que consta de tres fases:

El soñador: ¿qué es lo que quiero? aquí todo es posible, se trata de dejar volar nuestra imaginación y construir una visión de lo que queremos conseguir. Esta fase potencia el pensamiento creativo y da libertad a los impulsos.

El realista: ¿cómo lo voy a realizar? es la fase de análisis, aquí se plantean las ideas de la fase anterior y se descartan las que no sirvan a nuestro proyecto.

– El crítico: ¿en que puedo fallar? consiste en evaluar el proyecto descubriendo las fortalezas y debilidades con el fin de anticipar posibles dificultades.

En definitiva, el soñador debe soñar, el realista debe evaluar y el crítico debe mejorar. Estas son las funciones de cada una de las fases, y si se siguen de esta manera nuestro proyecto empresarial ira tomando la forma adecuada.

Dentro de nuestro plan estratégico es preciso plantearnos además una serie de cuestiones que definan más a fondo nuestro proyecto. Me refiero al llamado “proceso de visualización”, que consta en definir la misión, visión y los valores de nuestra idea o negocio.

Misión: responde a la pregunta ¿qué voy hacer? Es la razón de ser de la empresa u organización. La misión nos permite concienciarnos de nuestra labor en el mercado.

Visión: define lo que la empresa u organización quiere lograr en el futuro, lo que aspira a llegar a ser.  Establece las metas y objetivos que deseamos conseguir.

– Valores: se trata del conjunto de principios, reglas y aspectos culturales por los que se rige la empresa u organización. Constituyen la filosofía institucional y el soporte cultural organizacional. Los valores definen nuestra forma de trabajar y de existir para alcanzar nuestra visión.

Elegida la estrategia que vamos a utilizar junto con la declaración de nuestra misión, visión y valores conformaríamos ya  nuestro plan estratégico. Tener una planificación estratégica es fundamental, pero no hay que olvidarse que lo que realmente nos va a mover a la acción es nuestra propia motivación. Creer en lo que se hace, afrontar nuestros propios miedos, y olvidarnos de esas verdades incuestionables que conforman nuestros paradigmas.

“Sólo quien cree en si mismo puede convencer a los demás su propia valía

Si mantenemos la mente abierta, si somos constantes, nos esforzamos y perseveramos en nuestros propósitos; si nos adaptamos a los cambios, y somos profesionales multidisciplinares, lograremos alcanzar nuestras metas. Las oportunidades, lo creamos o no, las podemos generar nosotros mismos. Si estas pensando en liderar un proyecto en el mundo del protocolo y organización de eventos, si has analizado los medios que dispones a tu alcance, si crees que puedes lograrlo, mi consejo es que inicies tu mismo el cambio. No es un camino fácil, y vas a encontrar gran cantidad de obstáculos durante el recorrido, pero como dice un proverbio ningún camino fácil te llevara a un lugar que merezca la pena”.

El emprendimiento genera riqueza y deberíamos aprender de países como EEUU donde el espíritu emprendedor fluye de manera natural. De todos es conocido el caso de Silicon Valley, la zona sur del área de la Bahía de San Francisco en el norte de California, el lugar más dinámico para convertir las ideas en realidad. Las start-ups que surgen en Silicon Valley no tienen miedo al fracaso y se lanzan a emprender con una baja aversión al riesgo. Grandes empresas como Apple, Yahoo y Google se han gestado allí.

¿Cuál es la diferencia entre los españoles y los estadounidenses? Simplemente la mentalidad, el miedo al fracaso, a lo desconocido y las pocas ayudas que tenemos es lo que nos paraliza. Tenemos miedo a caer, sin darnos cuenta que es un paso para llegar a la cima, ¿o no se caen los niños antes de aprender a andar? Todo forma parte del mismo proceso de aprendizaje. Si no emprendemos no crecemos, no desarrollamos todo el potencial que poseemos, no lideramos el proyecto de nuestra vida.

Tener éxito es primordial pero lo más importante para un emprendedor es sentirse satisfecho consigo mismo, dejar huella en la sociedad y saciar ese espíritu inquieto que lleva en su interior.

Emprender en Protocolo es cuestión de actitud y aptitud, es fusionar la experiencia con las futuras ideas, es tener ganas de innovar y de llevar las riendas. Todos tenemos “algo” que nos hace únicos, ¿por qué no mostrarlo al mundo?. Emprender en Protocolo es, en definitiva, la mejor receta para poner en énfasis todas nuestras capacidades. Lánzate a Emprender en Protocolo porque es la fusión perfecta.

Nota: artículo publicado en el número 62 de la Revista Protocolo y en su edición digital.

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