Nadie es como parece

“Cuando éramos niños, pensábamos que cuando fuéramos mayores ya no seríamos vulnerables. Pero crecer es aceptar la vulnerabilidad. Estar vivo es ser vulnerable”

Madeleine L´Engle

Vivimos en un mundo en el que falta autenticidad, andamos perdidos sin saber muchas veces quiénes somos, ni dónde vamos. Nos resulta más fácil escondernos tras unas máscaras, que mostrar nuestra verdadera esencia. Y es que, nos han enseñado a crearnos y creernos personajes, a fingir que somos fuertes y completamente invulnerables. Pues no está bien visto, tropezar, no está bien visto ser emocionalmente sensible o susceptible. Es mejor sonreír y simular que todo está bien, que gritar a los cuatro vientos que estás herido o que te has hundido.

Hace pocos días regresé de mis vacaciones en Cuba, un descubrimiento del que me llevo grandes aprendizajes. La gente en La Habana es maravillosa, amable, servicial y siempre con una sonrisa en la boca. Aparentemente felices, sin apenas tener nada. Aparentemente felices, sin necesitar nada.

Pero cuando hablas con ellos cara a cara, te acaban confesando cómo se sienten en realidad, “somos como los payasos, que sonríen por fuera y están tristes por dentro”, –nos comentó un cubano.

Nadie es como parece”, reflexioné.

Esto, me llevó a pensar que nosotros no somos muy distintos a ellos, teniéndolo todo, seguimos sin sentir plenitud y felicidad. ¿o será que la felicidad no está en lo material? Ya lo he expresado alguna vez, recuerda el post cuando menos es más”.

Disimulamos lo mejor que podemos nuestras inseguridades y miedos, creyéndonos fuertes, construyendo una capa de protección a nuestro alrededor, ¡¡¡no vaya a ser que no me acepten, no vaya a ser que me hieran o que no me quieran!!!. Nos falta AMOR, somos nuestros peores jueces y no sabemos amarnos a nosotros mismos.

Y te hablo desde la propia experiencia, yo me he autoengañado miles de veces, me he creído más fuerte de lo que soy, y he jugado un papel en el teatro de la vida que no me pertenecía. Supongo que la raíz de todo es el miedo, o tal vez, aún reina en mi cierta inconsciencia que coloca un tupido velo en mis ojos que me impide hacer consciente aquella parte de mi que no me gusta. Porque, lo admita o no, el ego siempre quiere salir a bailar. También es posible que, como a todos, no me guste ser juzgada y me duela ser malinterpretada. Aunque quizá yo también juzgue y ponga en filo a los demás.

Sin embargo, reconozco que estoy en el camino del aprendizaje, que no es una carrera de fondo, ni pretendo que lo sea, que prefiero ir poco a poco indagando en mi interior y evolucionando. Y la vida, que es un sinfín de sorpresas e incertidumbre, te (me) irá mostrando por el camino espejos en los que poder mirarte, obstáculos con los que poder crecer y retos de los que aprender. Y será en esos momentos en los que toque practicar más que nunca la aceptación, la comprensión hacia ti y hacia a los demás, porque nada ni nadie es lo que parece ser. Todos tenemos una historia y unas experiencias detrás de esas máscaras que nos han conducido a mostrar solo aquello que queremos mostrar, una ínfima parte de lo que somos en realidad. El resto, quizá, sea cuestión de tiempo y, por supuesto, de AMOR y comprensión.

#CeliaTeInspira en inteligencia emocional

 

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El valor de la Aceptación

“Aceptar nuestra vulnerabilidad en lugar de tratar de ocultarla,

es la mejor manera de adaptarse a la realidad”

David Viscott

Pasan los días, y las noches, sin que nada a tu alrededor cambie. Parece que vives estable, aunque el mundo, a veces, sea cruel y desagradable. Sin embargo, aunque intentes ocultarlo, tú has cambiado, y como muchas otras veces en el pasado, ha tenido que ser con un buen tortazo. Tu interior te ha llamado, pero tú no lo habías escuchado.

Sale a la luz el dolor, así sin más, sin tu esperarlo. Llega de puntillas, en silencio, a oscuras. Se instala contigo, o más bien procede de ti. Siempre ha formado parte de ti, estaba ahí, navegando desde hace años, hacia arriba y hacia abajo. Siempre has viajado con tu mochila, o más bien con el dolor a cuestas. Pero él se ha cansado de que utilices parches para ocultarlo, ya no puede vivir, por más tiempo, en el anonimato.

Y empiezas a sentir su presencia, su incandescencia. Y empiezas a sentirte culpable, a reprocharte que has estado totalmente ciego, inconsciente, inflexible, ante el cambio que lentamente se aproximaba. Y venía y viene para algo, y hasta que no aprendas lo que te quiere mostrar, no se marchará. Creías sentirte plena y segura y comienzas a sentirte débil e insegura. Sin fuerzas, sin aliento, con unas terribles ganas de romper a llorar.

Indagas en tu interior, y descubres que no siempre te has sentido digna de amor, que no siempre has sido coherente y congruente con tus propias emociones, que no siempre has conseguido el ansiado equilibro y la armonía interna. No sabes que eres digno de Amor, hasta que tu único refugio es la dignidad, y tu fiel compañera la soledad. Y descubres, con la misma certeza que un niño cree en la magia, que el único remedio que puedes aplicar a esta tortura, es practicar el perdón.

Perdonarte te ayudará a sanarte. Y sanarte, te llevará a Aceptarte y Amarte.

Porque no hay mayor símbolo de AMOR, que la propia aceptación. Porque no hay mayor curación que sentirse digno de amor. Y Amar sin límites, sin tiempos, sin restricciones, sin lamentos. Amar todo lo que hay en ti incondicionalmente, porque forma parte de quién eres.

Y al fin aprendes que, es el AMOR el gran VALOR de la ACEPTACIÓN.

#CeliaTeInspira en inteligencia emocional

#MartesInspirados

Photo credit: Con dos eses fotografía realizada en Wild Valencia